6- Aprender a aceptar una enfermedad mental

Las visitas al médico se convirtieron casi en rutina. La semana que no iba a urgencias con desmayos o profundo malestar, aparecían nuevos dolores, iban y venían y me pasaba horas buscando en internet para al final llamar a algún especialista y pedir cita urgente.

Analíticas y demás pruebas médicas perfectas. Mi extrema delgadez, ojeras y agotamiento eran evidentes, pero cada vez que algún médico me comentaba la posibilidad de una enfermedad mental yo me ponía bizca. «¿Pero, cómo voy a tener algo mental? ¿si todo está bien en mi vida?» .

Así que salía de la consulta con la misma sensación de desolación. Volvía a casa triste, cansada y con dolores, muchos dolores de todo tipo: de muelas, musculares, de tripa, de cabeza, mareos, pérdida de visión.

Lo que más me llamaba la atención era observar a las personas, verlas hablar, moverse, comer, relacionarse, en definitiva vivir. Parecían ligeros y tranquilos, mientras yo vivía cansada, angustiada y sin energía ni para levantarme de la cama por las mañanas. ¡No entendía nada! «¿Se sentirán como yo? Pero son más fuertes… yo soy débil y siempre enferma, qué aburrida, que carga»

Así estuve meses, hasta que en uno de los viajes a urgencias por desmayos, tuve la suerte de cruzarme con la doctora P. Yo lloraba sin parar pidiendo ayuda. Ya no podía seguir luchando, ya no me quedaba energía, me iba a morir y no quería, pero me apagaba cada día un poquito más, sin remedio, sin salvación, perdida… llorando desconsoladamente sobre la mesa de la consulta, mi querida P, me tendió la mano y me dijo: «confía en mi y te curarás, pero necesitas ayuda médica y terapia psicológica. Te cuesta verlo pero te pido que te fíes de mi y hagas esto….»

Fue la primera vez que sentí que un médico me podía ayudar, que sabía por lo que estaba pasando, como si estuviese sintiendo mi dolor. Fue el primer día de mi propia aceptación, me quité todas las armaduras y me lancé al campo de batalla con las instrucciones de P.

Nadie ni nada nos puede ayudar si no aceptamos lo que nos está pasando. El primer paso para la curación es sin duda APRENDER A ACEPTAR.

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